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La toma de decisiones depende de las hormonas

03.02.2012 – 08:37h | A. Gómez

Una decisión puede ser el resultado de un acuerdo entre varias personas o la voluntad impuesta de una de ellas. Todo depende del nivel de testosterona del líder.

La capacidad de la canciller alemana, Angela Merkel, para imponer sus criterios en las cumbres europeas tal vez tenga algo que ver con sus niveles de testosterona (la hormona masculina que, sin embargo, también produce el organismo femenino), al menos eso se deduce de un estudio realizado por investigadores del Centro Wellcome Trust de Neuroimagen, de la Escuela Universitaria de Londres (UCL), y publicado esta semana en la revista Proceedings.

El trabajo concluye que la testosterona hace que el individuo sobrevalore su propia opinión, sea más egocéntrico y menos dispuesto a cooperar con el resto del grupo. Por el contario, cuando predomina la oxitocina (una hormona que se sintetiza en el hipotálamo y que, entre otras funciones, parece que está involucrada en el establecimiento de relaciones de confianza y generosidad interpersonales) los miembros de un grupo se ponen de acuerdo para resolver los problemas.

Según los investigadores, estos hallazgos pueden tener implicaciones en cómo las decisiones del grupo se ven afectadas por los individuos dominantes, hasta el punto de que si tienen una conducta egocéntrica, al final resulta negativo para todo el equipo.

Hasta ahora, los intentos de entender los mecanismos biológicos que hay detrás de la toma de decisiones en grupo se habían centrado en los factores que predisponen a la cooperacion. Por eso, los científicos del UCL, dirigidos por el doctor Nick Wright, estudiaron la influencia de la testosterona en este ámbito. Para ello, inyectaron esta hormona a un grupo de mujeres y comprobaron que tendían a imponer su criterio, algo que no sucedía antes de recibir la dosis extra de hormona.

“Nuestra conducta parece que está moderada por nuestras hormonas. Es cierto que la oxitocina nos hace ser más cooperativos, pero si esta fuera la única hormona nuestras decisiones serían muy sesgadas. El equilibrio entre testosterona y oxitocina nos permite buscar la mejor solución a un problema, pero si hay demasiada testosterona, corremos el peligro de ignorar el criterio del resto”, argumenta Wright.

Este hallazgo, según los autores, es muy importante y apuntan a las consecuencias que pueden tener las decisiones de un jurado en el que un sujeto dominante intenta hacer valer su opinión.

Incentivos a la competitividad femenina
Por otra parte, la revista Science publica un artículo de un grupo de investigadores de las universidades de Innsbruck (Austria) y Gotemburgo (Suecia), que concluyen que las políticas encaminadas a aumentar la participación de las mujeres en áreas competitivas no tienen un efecto negativo sobre el rendimiento de sus compañeros varones. Esta afirmación es importante, especialmente si se tiene en cuenta que las mujeres son minoría en los puestos de alto nivel en los negocios, la política y el mundo académico.

Los autores diseñaron un experimento para evaluar cuatro tipo de estrategias orientadas a fomentar la participación femenina en una competición matemática, que iban desde una pequeña gratificación económica hasta una suma mayor además de la ayuda de un compañero varón. A la vista de lo positivo de los resultados, los científicos insisten en el beneficio de animar a las mujeres a participar más a menudo en actividades competitivas.

En un editorial que también publica Science, la profesora Marie Claire Villeval, del Grupo de Análisis y Teoría Económica de la Universidad de Lyon (Francia), explica que los economistas laborales tienden a explicar la brecha de género ocupacional por las obligaciones familiares de la mujer. Pero, “últimamente, se tiende a justificar que haya menos mujeres emprendedoras por su escasa tendencia al riesgo. Y los economistas conductuales dicen el rendimento de los hombres tiende a aumentar cuando el entorno se vuelve más competitivo mientras que el de las mujeres permanece estable”.

Villeval sostiene que la brecha de competitividad se instala en las culturas, a pesar de que hasta los cinco años de edad no hay diferencias en este aspecto entre niños y niñas. Y como demuestran los científicos suecos, los incentivos económicos animan a las mujeres a competir.

Sin embargo, la profesora admite que algunos hombres consideran que estos incentivos crean una competencia desleal por lo que están menos dispuestos a cooperar con las mujeres. Por todo, considera que “es preciso evaluar la combinación de todos estos factores para evaluar cómo una mayor competitividad de las mujeres puede cambiar la demanda de mano obra y cómo afectan a la discriminación”.

http://www.expansion.com/2012/02/02/entorno/1328215351.html

Felix Erlichman

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