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El futuro del mercado de trabajo. Trabajar menos? Trabajo para Todos?

La propuesta de Timothy Ferriss ocho años después de la primera edición de su libro “La semana laboral de cuatro horas”, sigue vigente: si te puedes permitir el lujo de gestionar tu libertad laboral no necesitas estar más tiempo trabajando que el necesario para cumplir tus objetivos si eres eficaz. En su best seller traducido a 35 idiomas, utiliza las siglas DEAL -acrónimo de Definir, Eliminar, Automatizar y Liberar- para marcar el camino de una semana laboral de cuatro horas que permitiría disfrutar del ocio aprovechando las horas de trabajo. ¿Ideal o realidad?

Trabajar menos implica un cambio de hábitos y un proceso de transformación organizativa para el que quizá aún no estamos preparados un cambio que requiere ajustar medios de trabajo y tecnología y cambiar creencias, adecuando el mercado de trabajo a una jornada basada en resultados.

Apostar por este cambio implica superar el modelo de trabajo taylorista vigente en la mayor parte de las compañías, que es ineficiente e insostenible en un entorno poco predecible y en constante cambio. Hablan de la era del trabajador del conocimiento, donde no tienen cabida los modelos de relación laboral basados en contratos por horas. Se trataría de retribuir el valor añadido generado en la era de las habilidades, donde importa la visión estratégica, la creatividad, el concepto de learning ability.

Según algunas previsiones el 45% de los profesionales occidentales tendrá ese perfil en 2020, pero adecuar el mercado laboral a esta realidad es un reto que tenemos como sociedad.

El informe de Sodexo ‘Tendencias laborales 2015’ analiza seis dimensiones esenciales de la calidad de vida en el trabajo: la interacción social; la eficiencia, como la capacidad para dedicar toda la atención a la tarea a realizar; el entorno físico, que contribuye al sentido de bienestar; el crecimiento personal; el reconocimiento; y la salud y el bienestar, es decir, promover un estilo de vida saludable.

Todos estos factores combinan muy bien con un entorno en el que prima el conocimiento. Si un profesional sabe que sólo será medido por sus resultados, conforme a su productividad y sus valores, se ocupará de amortizar el tiempo de trabajo.

En países como Holanda o el Reino Unido, la semana laboral de cuatro días goza de una relativa presencia entre los trabajadores de diferentes sectores profesionales. En Estados Unidos, cada vez son más los estados que se suman a esta tendencia iniciada por la administración pública de Utah en 2008.

Las pocas empresas del sector privado que han experimentado con la semana laboral de cuatro días, la mayoría tecnológicas, destacan que al concentrar los horarios se tiende a perder menos el tiempo, se abandona el mal endémico del presentismo laboral y los empleados se centran más en su trabajo.

Steven Shattuck, uno de los responsables de la empresa Slingshot SEO, asentada en Indianápolis, apuntaba en unas declaraciones a la BBC la importancia de contar con el viernes libre para “recargar mejor las pilas”. En su empresa lo denominan “viernes de investigación”, pues lo enfocan a la organización de tareas desde casa, los encuentros profesionales fuera del lugar de trabajo o la búsqueda de información sobre asuntos de trabajo más relajada y desde casa.

Shattuck no tiene dudas de que, desde que su empresa adoptó este plan, el tiempo en la oficina es más productivo. “El lunes por la mañana la gente no llega tan aturdida y se pone directamente a trabajar con un rendimiento mayor”. Sin embargo, reconoce que con la actual cultura empresarial es difícil sacar adelante la semana laboral de cuatro días, además de que en su caso se trata de una empresa de servicios y con un perfil entre su plantilla muy joven, con una edad media de 28 años.

La posibilidad de disponer de más tiempo libre para dedicar a las relaciones sociales, la familia o las aficiones se relaciona directamente con el bienestar. Como explicaba a la BBC la responsable de política social de la New Economic Fundation, Anna Coote, “tenemos que disfrutar del tiempo con los seres queridos, ser ciudadanos activos y vivir de manera más sostenible para, por ejemplo, tener tiempo para cocinar y no tener que comprar platos precocinados”.

Coote apuesta por una semana laboral de 30 horas en lugar de las 40 de Reino Unido y España (la media en nuestro país según el último Eurostat fue de 37,8) o las 45 de Chile –sin olvidar las fórmulas mixtas que imperan en Finlandia o los países nórdicos donde se combinan jornadas completas, parciales y días de descanso– y argumenta que Alemania o los Países Bajos tienen economías más fuertes que EE UU o Reino Unido con menos horas de trabajo. “Las semanas laborales más cortas ayudan a resolver el exceso de trabajo, el desempleo, las desigualdades o la falta de tiempo para vivir de forma sostenible; hay que repensar la forma en que dividimos nuestras horas entre las actividades remuneradas y no remuneradas, asegurándose de que todo el mundo tenga un justo tiempo libre”.

En 2001 el economista Serge Latouche, encabezó un movimiento que abogaba por la teoría del decrecimiento. El profesor Latouche defiende que hay que trabajar menos para ganar más, porque cuanto más se trabaja, menos se gana, ya que por la ley de la oferta y la demanda, a más trabajo que incrementa la oferta, como la demanda no aumenta, los salarios bajan. Por tanto, cuanto más se trabaja más se hace descender los salarios, de modo que hay que trabajar menos horas para que trabajemos todos, pero, sobre todo, para vivir mejor.

El empresario mexicano Carlos Slim -el hombre más rico del mundo, según el ránking de la revista Forbes- ha recomendado implantar una semana laboral de solo tres días, trabajando once horas por jornada, como forma de combatir el desempleo. Esta medida además proporcionaría cuatro días libres a los trabajadores para “dedicarlos a la familia, a innovar, cultivarse o a crear”.

Larry Page, cofundador de Google, ha defendido la necesidad de “encontrar una forma coordinada para reducir la semana de trabajo”. Según Page, “la idea de que todo el mundo tiene que trabajar frenéticamente para satisfacer sus necesidades no es cierta”.

Concretando, hay casos de éxito. Andrew Bauer, director ejecutivo de Royce Leather en Nueva Jersey (EE.UU.), una empresa que fabrica accesorios de cuero, comprobó que a medida que sus empleados trabajaban más tiempo, su productividad disminuía. Tras su decisión de recortar la jornada laboral, además, aumentó la remuneración de su equipo en un 15%. Su jornada laboral de siete horas dio sus frutos: la producción aumentó, resultando en un incremento del 10% y 15% en la producción.

Y también hay interesantes estudios en marcha. En Suecia se ha puesto en marcha en la ciudad de Gotemburgo como experimento de un año la jornada de seis horas diarias. En el programa algunos empleados trabajan menos horas que otros con la misma remuneración.

A la espera de los resultados, varios estudios anteriores realizados por distintos países han arrojado resultados contradictorios. Una investigación promovida por la OCDE y publicada en la revista The Economist, concluyó que cuanto más trabajaban las personas, más disminuía la productividad,
mientras que una investigación realizada en Corea del Sur, publicada por la revista Journal of Happiness Studies, encontró que cuando se redujo la jornada laboral no hubo mejoría en la satisfacción general, pero sí tenían menos tiempo para abordar la misma cantidad de trabajo, aumentando el estrés.

Lo cierto es que el éxito de las jornadas laborales cortas tiene más que ver con el tipo de trabajo realizado, la carga de trabajo y la supervisión, que con el país o la empresa que realiza el cambio. Parte del problema es que un horario de trabajo no tiene por qué ajustarse a todos los empleados o a los puestos. “En una economía competitiva a nivel internacional, estos modelos de talle único son díficiles de seguir”, afirma Williams Yost, autora del libro “Tweak It: Make What Matters to You Happen Every Day”.

Kenny Kline, de MedPreps, una compañía con sede en San Louis, Missouri, recortó la jornada laboral de 20 empleados de tiempo completo que había contratado para redactar preguntas para exámenes de medicina, en tanto que mantenía sus salarios intactos. El experimento de cuatro meses fue un fracaso.

Por tanto, ni mucho dinero ni pocas horas de trabajo, garantizan la satisfacción laboral. Todo depende del horario de oficina, el tipo de trabajo que se desempeña, y otros factores. La clave consiste en saber cuánto tiempo toma cada tarea asignada. Hay que asegurarse que la gente no trabaje demasiado, porque si trabajan demasiado, no termina quedando satisfecha, pero esto puede ocurrir en determinadas funciones si con menos horas se mantiene el volumen de trabajo.

Trabajar, como todo, debe tener su medida. Trabajar más de 40 horas semanales perjudica la salud cardiovascular según organismos como la Fundación Española del Corazón, basándose en estudios como el publicado en la revista American Journal of Industrial Medicine, que demuestra que pasar largas horas trabajando se asocia a un mayor nivel de presión arterial, de colesterol, de diabetes, de consumo de tabaco y alcohol, que redunda en una previsión de mayor incidencia de enfermedad cardiovascular al cabo de diez años.

Según la investigación del Centro de Investigación Médica y el Colegio de Medicina de la Universidad Nacional de Seúl (Corea del Sur), las personas que trabajan una media de 51 a 60 horas semanales poseen un 26% más de riesgo cardiovascular que aquellas que cumplen con la jornada estándar de 40 horas semanales.

Además, se constata que las personas que trabajan largas horas ven reducido su tiempo de poder practicar actividades lúdicas, comen peor y practican menos ejercicio; vamos, que trabajar demasiado perjudica la salud.

La cuestión es que hay casos en que trabajar menos es bueno y rentable, y hay que estar al caso concreto, pero que trabajar menos horas es algo que los gobiernos se plantean por el ahorro de costes que supone y la mayor empleabilidad que permite, pero que, sin embargo, para las empresas no siempre es un modelo válido para equilibrar productividad y satisfacción de los trabajadores, lo que es muy importante a la hora de retener el talento, especialmente para los trabajadores del conocimiento, pero también que es especialmente en este tipo de desempeños donde producir más y trabajar menos es posible. ¿Será éste el modelo laboral del futuro? Hay más trabajadores que trabajo, y es una tendencia. El papel de la tecnología marcará la diferencia, pero ¿será posible un crecimiento económico sostenido global como hasta ahora que mantenga el nivel salarial? Lo más probable es que los trabajadores se vean abocados a una lucha por aportar valor para encontrar un trabajo acorde a sus expectativas, y que las empresas flexibilicen su diseño, y que esto empiece por las empresas con alto grado de tecnologización, para irse extendiendo al resto de sectores. Pero, ¿habrá trabajo para todos? Es cuestión de números, temo que el derecho al trabajo peligre.

Posted by Felix Erlichman

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